Casi todos hemos experimentado esa sensación de «no salió como esperaba», y detrás de esa frustración casi siempre hay una expectativa que no se cumplió. Pero, ¿qué son las expectativas exactamente? Y sobre todo: ¿por qué pueden terminar convirtiéndose en una fuente de sufrimiento o malestar en lugar de una guía útil para vivir?
En este artículo vamos a explorar qué son las expectativas de una persona, qué las diferencia de tener valores personales definidos, y por qué definir esto último puede ser un paso importante dentro de un proceso de desarrollo personal.
Qué encontrarás en esta lectura:
- ¿Qué son las expectativas?
- El problema de las expectativas
- Valores personales: el proceso como verdadero éxito
- Ejemplos de valores personales
- Los valores personales en el desarrollo personal y profesional
¿Qué son las expectativas?
Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), las expectativas personales son ideas que nos formamos sobre cómo «deberían» salir las cosas. El problema no está en tener expectativas en sí mismas, sino en el tipo de relación que establecemos con ellas cuando la realidad no coincide con lo que imaginamos.
Es importante distinguir entre dos tipos de expectativas:
Expectativas sociales
Son los mandatos culturales sobre lo que «se supone» que debemos lograr (tener una pareja, un ascenso, cierto nivel de éxito). Nuestra cultura nos enseña a valorar la vida en función de los objetivos alcanzados, es decir, del resultado.
Expectativas personales
Son las metas o condiciones internas que cada quien construye para sí mismo, muchas veces influenciadas por esas expectativas sociales, pero vividas de manera individual.
Ambas comparten una característica: suelen funcionar como metas de resultado. Una meta es algo que se puede «tachar» de una lista, algo que tiene un final. El conflicto aparece cuando esas expectativas se centran en resultados que están fuera de nuestro control directo.
Para entenderlo mejor, aquí van algunos ejemplos de expectativas que suelen generar malestar cuando se convierten en exigencias rígidas:
- Esperar «no sentir ansiedad» antes de una presentación importante.
- Esperar que la pareja «sea siempre cariñosa».
- Esperar sentirse completamente seguro o en calma antes de tomar una decisión.
Todos estos son resultados. Y cuando la realidad no coincide con ellos, aparece lo que podríamos llamar una brecha de realidad: esa distancia entre lo que esperábamos y lo que efectivamente ocurrió, que suele traducirse en frustración, resentimiento o desesperanza.
Aquí conviene hacer una precisión clínica importante:
Podemos actuar para influir en un resultado, pero el resultado final no es algo que controlemos directamente con nuestras manos o acciones. Lo único que realmente está bajo nuestro mando es la acción misma, el proceso, no el resultado.
El problemas de las expectativas
Cuando las expectativas de vida nos hacen esperar para vivir
Uno de los efectos más dañinos de centrar las expectativas en el resultado es lo que podríamos llamar la trampa de la espera. Muchas personas sostienen, sin darse cuenta, ciertas expectativas de vida que funcionan como condición previa para empezar a vivir: «seré feliz cuando…», «podré relajarme cuando…», «voy a empezar a disfrutar cuando ya no sienta miedo».
Esta mentalidad de «resultado primero» convierte la existencia en un campo de batalla interno, donde la persona intenta «arreglar» sus emociones antes de permitirse actuar o reconocer su propio camino. Sin embargo, este esfuerzo por controlar el estado interno, lo que en ACT se conoce como evitación experiencial, suele tener el efecto contrario: aumenta el malestar y aleja a la persona de aquello que realmente le importa.
La salida de este conflicto no es eliminar las expectativas, sino desplazar el foco: del resultado esperado hacia el proceso.
Cuando los resultados esperados no son suficiente
Considerar los resultados buenos o las metas exitosas no es algo malo en sí mismo, pero, ¿Te ha pasado que cumples una meta, como obtener un ascenso o casarte, y después sientes una sensación de vacío? Esto puede ocurrir precisamente porque no hay un valor asociado al proceso que ha sotenido dicha acción o logro. Además de que se pueden disparar temores como: perder lo logrado, o ansiedad por no tener el control absoluto de lo que puede pasar una vez lograda la meta.
Por tanto, clínicamente, el éxito no es la ausencia de síntomas ni el cumplimiento de todas las expectativas sociales, sino la capacidad de persistir o cambiar una conducta en función de los valores personales, incluso cuando los resultados son inciertos, dolorosos o esperados.
No es suficiente seguir una lista de metas asociadas a expectativas sociales y expectativas personales, el proceso de avanzar en una dirección va mucho más allá y conectar con ello nos conecta con el propósito de seguir, o incluso dejar de seguir, esa lista en un primer lugar.
Valores personales: el proceso como verdadero éxito
Aquí es donde entra un concepto central que te puede ayudar a dejar de enfocarte en las expectativas para ver hacia el proceso: los valores personales. A diferencia de las expectativas, que ya hemo dicho que suelen girar alrededor de lograr un resultado concreto, los valores son direcciones de vida elegidas que no tienen un punto final. Los valores no se «alcanzan» ni se «tachan» de una lista; se practican, una y otra vez, en nuestras acciones del día a día.
¿Qué significa tener valores personales para ACT? Significa contar con una brújula interna que orienta nuestra conducta en el proceso, independientemente de si el resultado externo se da o no. Para entender esta idea, imaginemos que el objetivo de una persona que esquía es llegar desde el tope de la montaña hacia el refugio en la base de ésta. Si llegar fuera lo único importante, un helicóptero podría llevarle directamente allí, y lograría con éxito su meta. Pero el verdadero propósito de esquiar no es llegar al refugio: es el proceso mismo de esquiar colina abajo.
Son los valores, no las expectativas o metas tachadas en una lista, las que dan sentido y calidad a lo que hacemos. En el camino enfocado en los valores, «se gana» en el momento en que se elige la dirección que contenga ese valor, no cuando se llega a un destino. Si el valor de una persona es ser un amigo leal, no necesita esperar a que ese amigo le devuelva un favor para sentir que está teniendo éxito. El éxito ocurre en el proceso mismo de actuar con lealtad, aquí y ahora.
Esta es una de las bases de cualquier sistema de valores personales sólido: entender que el éxito se define por la coherencia entre la acción y lo que valoramos, no por el resultado obtenido.
Ejemplos de valores personales
La forma más simple de definir los valores personales con los que quieres guiar tu acción es completar la siguiente oración: «en esta área de mi vida quiero…». La idea es completarla con las cualidades que más te importen para tu vida y tus procesos.
Aunque cada persona construye su propio sistema de valores personales, algunos de los que suelen aparecer en el trabajo terapéutico incluyen:
Aceptar
Estar abierto, permitirme sentir y estar en paz conmigo mismo, con los demás, con la vida, con mis sentimientos, etc.
Ser aventurero
Dispuesto a crear o buscar experiencias novedosas, arriesgadas o emocionantes.
Ser asertivo
Defender mis derechos y pedir lo que quiero de forma calmada, justa y con respeto.
Ser auténtico
Ser genuino, real y sincero conmigo mismo.
Cuidar de mí
Cuidarme activamente a mí mismo, a los demás, al medio ambiente, etc.
Ser autocompasivo
Responder con amabilidad al dolor que experimento yo o que experimentan los demás.
Ser cooperativo
Estar dispuesto a ayudar y trabajar con otros.
Ser amistoso
Ser cálido, abierto, cariñoso y agradable con los demás.
Pensar en estos ejemplos puede ser un buen punto de partida para quienes se preguntan qué valores personales guían su vida, especialmente cuando sienten que han estado viviendo más en función de expectativas externas que de una dirección propia.
¡Define tus valores personales!
La lista de valores personales no es una lista de cosas correctas o incorrectas, ni buenas o malas. Los valores son los deseos más profundos de cómo quieres ser como persona durante tu recorrido por la vida, pase lo que pase.
Por eso he preparado una actividad en la que puedes identificar los valores más importantes para ti en diversos ámbitos (familiar, pareja, social, profesional, etc.) y si tus acciones reflejan esos valores.
Los valores personales en el desarrollo personal y profesional
Este cambio de perspectiva, de resultado a proceso, de expectativa a valor, tiene implicaciones directas en el desarrollo personal y profesional. Muchas personas llegan a terapia agotadas de perseguir metas que, una vez alcanzadas, no traen la paz que imaginaban. Entender la diferencia entre expectativas y valores permite construir una especie de misión, visión y valores personales más estable, que no dependa exclusivamente de circunstancias externas que no podemos controlar o que debemos alcanzar para valorar.
El conflicto entre resultado y proceso se disuelve cuando aprendemos a entender los resultados con más ligereza. Las expectativas sociales o personales suelen decirnos que la felicidad está al final del camino, mientras que la perspectiva de los valores personales nos recuerda que lo que realmente importa es quiénes elegimos ser mientras recorremos ese camino.
Soltar la exigencia de que el mundo o nuestra propia mente nos entreguen un resultado específico no significa dejar de desear cosas ni de esforzarse. Significa recuperar la libertad de involucrarnos plenamente en el proceso de nuestra propia vida, con la certeza de que ahí, en cada acción coherente con lo que valoramos, ya está ocurriendo algo valioso.
Referencias: Boone, M., & Gregg, J. The Acceptance and Commitment Therapy Skills Workbook. Cruz, J., Duelo. Tratamiento basado en ACT. Harris, R. ACT with Love. Harris, R. How to grieve what we’ve lost. Hayes, S. Get Out of Your Mind Into Your Life. Lev, A. & McKay, M. Acceptance and Commitment Therapy for Couples. Walser, R., & Westrup, W. You are not your trauma. Stoddard, J., Imposter No More.
Aviso importante: Este artículo tiene fines psicoeducativos y no sustituye una valoración o tratamiento profesional. Si estás atravesando un momento difícil, te animamos a buscar acompañamiento de un profesional de la salud mental.
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Las expectativas no sólo se ven en el ámbito de los logros y el proceso para llegar a ello. En el artículo «Expectativas personales y cómo se relacionan con los problemas de pareja« conversamos sobre cómo también pueden afectar la relación y generar problemas de pareja.
¡Te espero ahí!
Sobre el autor
Terapeuta ACT online / Especialista en Psicología Clínica Comunitaria (FVP 14.290) / Master en Psicología / +10 años de experiencia como psicoterapeuta
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