Cuando hablamos de inteligencia emocional, es común imaginar a alguien que nunca se enoja, que no llora en público o que siempre parece tener sus emociones bajo control. Pero, ¿qué es la inteligencia emocional realmente?
Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) la respuesta es muy distinta a la que solemos escuchar. En este artículo te invitamos a repensar la definición de inteligencia emocional dejando atrás la idea de control y acercándonos a un concepto más honesto: la flexibilidad psicológica.
Qué encontrarás en esta lectura:
- ¿Qué es la inteligencia emocional desde la perspectiva contextual?
- Las emociones son información, no el enemigo
- Las habilidades de inteligencia emocional en ACT
- El papel de la autocompasión
- Dejar de luchar no es resignarse
¿Qué es la inteligencia emocional desde la perspectiva contextual?
En el mundo de la gestión de emociones e inteligencia emocional, se ha consolidado la idea de que ser emocionalmente inteligente significa reducir o eliminar las emociones negativas para mantener siempre la calma, o ser bueno ejerciendo un control absoluto sobre experiencias internas para no demostrar lo que se siente.
Sin embargo, desde las terapias contextuales proponemos otra mirada de la inteligencia emocional: no es un mecanismo de control o supresión, sino una expresión de la flexibilidad psicológica, es decir, la capacidad de relacionarte de forma abierta y consciente con toda tu experiencia interna, sin luchar contra ella. Con este concepto pasamos de la lucha contra las emociones a la convivencia con ellas.
Las emociones son información, no el enemigo
¿Por qué no sería correcto pensar en el control o supresión de emociones? Porque las emociones, como la tristeza, el miedo, la ira, la culpa; no son fallas nuestras que tenemos que corregir, son mensajes que nuestro cuerpo expresa para informarnos de algo. Las emociones nos cuentan algo importante sobre nuestra historia, nuestro entorno y, sobre todo, sobre lo que valoramos.
Por ejemplo:
- El miedo puede estar señalando que algo que te importa está siendo amenazado.
- La culpa puede ser un recordatorio de tu deseo cuidar a los demás.
- La rabia puede ser un indicador de que estás frente a una injusticia.
Tratar de controlar la emoción es suprimir también este mensaje que dice mucho de nosotros y nuestros valores personales.
Las habilidades de inteligencia emocional en ACT
Desde este enfoque, ser una persona emocionalmente inteligente implica desarrollar cuatro habilidades clave:
Ser consciente y nombrar lo que sientes
Consiste en notar, nombrar y describir lo que sientes de forma objetiva, sin juicios. En lugar de decir «estoy mal», se trata de identificar con más precisión: «noto una sensación de opresión en el pecho y el pensamiento de que no podré con esto». El mindfulness es una estrategia clave para aprender a observar la emoción sin quedar atrapado en ella.
Aceptación y apertura
Es la disposición a permitir que las emociones estén presentes, tal como son, sin intentar cambiarlas ni evitarlas. En lugar de ir directo a la lucha, lo que solo amplifica el sufrimiento, se trata de permitirse abrir espacio para la incomodidad y el malestar.
Defusión cognitiva
Es la capacidad de ver los pensamientos y las etiquetas emocionales como lo que realmente son: palabras e imágenes pasajeras, no verdades absolutas que deban dictar tu comportamiento. Practicar la defusión te permite tomar distancia de pensamientos como «no voy a poder con esto» y observarlos, en lugar de creer en ellos como si fueran hechos.
Realizar acciones comprometidas
Aquí es donde la inteligencia emocional se manifiesta con más fuerza: cuando puedes sentir una emoción intensa y difícil y, aun así, elegir realizar acciones que estén alineadas con tus valores personales. Por ejemplo, mantenerte conectado a gente que te importa aunque la tristeza te empuje a aislarte.
¡Mejora tus habilidades!
En una cotidianidad que lo que más demanda de nosotros es nuestra atención, observar y nombrar lo que nos pasa es más difícil de lo que parece. Cuando menos lo esperamos, hemos llegado al final del día, actuando casi de forma automática y sin consciencia de cómo nos sentimos.
Descarga una actividad donde te doy algunas ideas de cómo puedes aprovechar tus sentidos para practicar atención plena en situaciones simples del día a día.
El papel de la autocompasión
Es muy fácil hablar de la apertura hacia emociones placenteras como la alegría, el orgullo, el amor, pero ¿Qué pasa con las emociones difíciles y que traen consigo mucho malestar? Un elemento que no puede faltar al hablar de inteligencia emocional es la autocompasión.
La autocompasión es la capacidad de tratarte con amabilidad frente a tu propio dolor, en lugar de juzgarte o exigirte más de lo que puedes dar en ese momento. Las situaciones difíciles siempre van a estar presentes y es muy importante reconocer el dolor que esto pueda generar, pues es parte de nuestra experiencia humana compartida.
Algunos ejemplos de autocompasión cuando estás pasando por un momento difícil serían:
- Hablarte con la misma amabilidad con la que le hablarías a un amigo que atraviesa un mal momento.
- Permitirte sentir tristeza o frustración sin añadir el peso extra de la autocrítica, o sin juzgar lo que sientes.
- Reconocer que necesitas descanso o apoyo, sin culpa.
La relación entre compasión y autocompasión es clave aquí: así como ofrecemos comprensión a otros cuando sufren, la autocompasión nos invita a ofrecernos esa misma comprensión a nosotros mismos. Funciona como el combustible que te permite permanecer presente con tus emociones más difíciles, sin necesidad de evitarlas o negarlas.
Dejar la lucha no es resignarse
La inteligencia emocional y el bienestar emocional no dependen de la ausencia de dolor ni de la presencia constante de calma. Dependen de la flexibilidad con la que te relacionas con toda tu experiencia, incluida la parte que duele.
Una persona emocionalmente inteligente no es quien nunca siente ansiedad o tristeza, sino quien puede llevar esas emociones a cuestas en su mochila, reconoce el mensaje que traen consigo, y sigue caminando hacia aquello que le importa y da sentido a su vida.
Dejar de luchar contra tus emociones no significa resignarte a sufrir. Significa liberar la energía que gastabas evitando o combatiendo lo que sientes, para invertirla en el reconocimiento de tu experiencia y en la conexión con tus valores personales y con lo que realmente te importa. Si este enfoque resuena contigo y te gustaría encontrar una nueva forma de conectar con tus emociones, un espacio terapéutico basado en ACT y otras terapias contextuales puede acompañarte a desarrollar estas habilidades a tu ritmo y con apoyo profesional adecuado.
Referencias: Cruz, J., Duelo. Tratamiento basado en ACT. Harris, R. ACT with Love. Harris, R. How to grieve what we’ve lost. Hayes, S. Get Out of Your Mind Into Your Life. Lev, A. & McKay, M. Acceptance and Commitment Therapy for Couples. Sears, R. ACT with Anxiety. Sorensen, D. ACT for Burnout. Walser, R., & Westrup, W. You are not your trauma. Stoddard, J., Imposter No More.
Aviso importante: Este artículo tiene fines psicoeducativos y no sustituye una valoración o tratamiento profesional. Si estás atravesando un momento difícil, te animamos a buscar acompañamiento de un profesional de la salud mental.
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En el artículo «Mindfulness: qué es, qué significa y 8 beneficios para el bienestar emocional conversamos sobre una estrategia que muchos terapeutas consideran la base sobre la cual hay que empezar a construir nuestro bienestar psicológico.
¡Te espero ahí!
Sobre el autor
Terapeuta ACT online / Especialista en Psicología Clínica Comunitaria (FVP 14.290) / Master en Psicología / +10 años de experiencia como psicoterapeuta
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